Miércoles, 04 de Febrero de 2009
Es el primer foráneo que se reporta a las prácticas. Dijo estar listo para el reto

Sus 2,05 metros del altura contrastan con los atléticos movimientos en cancha y su certero disparo de tres puntos.
Eddie Elisma llegó a Venezuela la noche del lunes, pero eso no le impidió unirse ayer al trabajo con Cocodrilos de Caracas, para la sesión matutina, en el Parque Naciones Unidas.
A sus 33 años, el estadounidense ha recorrido medio mundo y quiere aportar parte de esa experiencia al elenco saurio.
Es también el primer foráneo que se reporta al club de cara a la zafra de 2009 de la LPB.
"Estoy muy contento de estar acá. Este equipo fue campeón el año pasado y vine a entregar mi mejor esfuerzo para ayudar a la organización a conseguir otra corona", suelta de entrada, en idioma castellano. Y es que gracias a sus pasantías por el básquet puertorriqueño y dominicano, lo domina con soltura.
"Tengo buenas referencias de esta liga. Yo estuve una vez aquí en el año 2001, pero fueron unos pocos partidos con Guaiqueríes de Margarita. Quien me comentó de cómo va todo esto fue un amigo, Jack Michael Martínez, quien estuvo en 2008 con Cocodrilos. Sé que ahora el torneo es más fuerte, físico, se lucha más y hay mucho talento, pero estoy preparado".
Elisma se describe como un jugador que va bien al rebote, pero que también juega desde afuera. "Si tengo la oportunidad de lanzar un triple, lo haré".
Antes de llegar a Venezuela, el basquetero fue refuerzo de los clubes San Lázaro y San Cristóbal, en Dominicana. Quedó campeón con ambos y en el último club promedió 10,8 rebotes y 1,4 bloqueos, líder del circuito.
Tiene un poco más de un mes sin jugar, pero se mantuvo entrenando en Nueva York.
En su carrera profesional militó en ligas como las de Israel, Italia, Bélgica, Israel, Filipinas e Irán, entre otras.
Antes, jugó para la Universidad de Georgia Tech e incluso, en 1997, fue seleccionado al draft de la NBA, por los Supersónicos de Seattle, pero no llegó a jugar en esa liga. "Faltó suerte, no es fácil", esgrimió.
José Rubicco Huertas / El Universal